El día que no quiso ser viernes
Me levanté temprano ayer viernes con cara de pocos amigos, el sol dorando todo afuera y una sensación rara de que este no era el día que se supone que debía ser. A veces los días se niegan a cumplir su rol: lunes-martes-miércoles-jueves. Se escapan del almanaque y pasan a ser simplemente un día , o un no-día de la semana. Me gusta ese tipo de pensamiento que no lleva a ningún lado. Es apenas algo que se escribe solo en mí y me empuja hacia algún autor leído o hacia mi infancia inquieta, cuando dejaba anotaciones sin sentido ni destino. Ayer fue un día con peso propio. Antes de cualquier otra cosa, una reunión de laburo en Buenos Aires. Intensa, con gente que sabe lo que quiere y adónde va. Que tiene marcado un norte al que también quiero llegar. Salí de esa reunión con una bolita moviéndose adentro de mi cabeza. Me tomé un subte y me metí en la Feria del Libro. Caminé horas y más horas. Entré a los stands de editoriales, hablé con editores, curadores, gente que vive adentro de los libr...