Aceptar las grietas es elegir
En los últimos 12 meses conocí (y sigo conociendo) a mucha gente interesante. Y algo que vengo sintiendo es esto: la vida se ve más linda cuando te rodeás de personas que valen la pena. No digo perfectas, sino auténticas. Con cosas buenas… y con otras que no tanto. Porque todos tenemos defectos. Vos, yo, cualquiera. La diferencia está en quién los reconoce, quién intenta mejorar y quién, por lo menos, no los niega. Con el tiempo, empezás a entender al otro. Cómo es, cómo reacciona, qué le pasa. Y llega un punto en el que ya no te sorprende tanto. “Sí, ya sé cómo va a reaccionar… ya lo conozco.” Y eso que antes te molestaba, de a poco deja de pesar tanto. A mí me pasó mil veces. Al principio, incluso con personas que hoy quiero mucho, hubo cosas que me incomodaban. Comentarios, actitudes… cosas que me pegaban más de lo que me gustaría admitir. Pero con el tiempo y con ganas de entendernos, el vínculo fue creciendo. Supongo que también tiene que ver con cómo veo las cosas: en lo profesio...