Más que una pelota
En el partido entre Argentina y Suiza pasó algo. Un remate desviado mandó la pelota directo a la tribuna. Un nene la atajó y, con esa espontaneidad que tienen los chicos, amagó a devolverla enseguida. Su cabeza funcionó de manera automática: la pelota no es mía, hay que devolverla. A su lado estaba el papá, quien con un gesto rápido y medio cómplice le hizo una seña para que la escondiera. Aristóteles decía que la virtud no es un hecho aislado, sino un hábito. Nos volvemos justos practicando la justicia. Valientes, practicando la valentía. Y nos desviamos, también, cuando practicamos lo contrario. Como que la ética no es un concepto de manual sino ir construyendo nuestro carácter día a día, a base de minúsculas decisiones diarias. Ese nene, en su inocencia, estaba practicando la honestidad; y su papá, quizás sin mala intención o sin dimensionar el impacto de su gesto, le enseñó otra regla de juego: que si nadie te ve y la oportunidad aparece, está bien quedarse con lo ajeno. Total… “es...